Ayer tuve uno de esos días perezosos que todos tenemos a
veces, fui a la cocina y vi los cacharros sucios almacenados en la pila, una
vocecilla interior me dijo: Friégalos ahora, luego te dará más pereza. Sin embargo
otra vocecilla interior a la que hice más caso me dijo: Ya lo harás mañana.
Así que hoy, al llegar de trabajar y entrar en la cocina,
allí estaban esperándome, mirándome con desdén desde el fregadero. Me dispuse a
fregarlos y todos se pusieron contra mí, el cuchillo más afilado decidió
escurrirse intentando cortarme, pero me zafé.
Los vasos decidieron inclinarse intentando tirarme encima
los platos, pero logré sujetarlos a tiempo. Entonces los enjabonados cubiertos
cayeron sobre mis manos para golpearme, pero esquivé el golpe, y por fin,
durante el aclarado, todos parecieron rendirse. Había ganado.
Y ahora, tras una batalla épica, y con el sabor de la
victoria aún fresco disfruto del triunfo recostada en el sillón de la gloria, escribiendo
mi gesta para los anales de la historia.
jajajajaja!!!!
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