Estaba yo el martes en mi oficina, cuando en un golpe de calor me asedió una sed terrible, subí entonces las escaleras y como siempre cogí agua del dispensador y volví a mi mesa.
Me hallaba yo trabajando duramente cuando compañero bajó y me dijo “¿Has visto el agua de arriba? ¡Qué ascazo! Pobre del que beba…” “¿Qué le pasa al agua?” contesté yo mirando el recipiente vacío donde antes estaba “el agua de arriba” mi compañero respondió entre risas “Pues que está verde, ¿no te has fijado?” mis labios se curvaron con disgusto “No, no me he fijado” confesé “Y además he bebido” añadí.
Mi compañero me miró entonces con una especie de compasión y sorna, mientras yo me dirigía inmediatamente a comprobar el estado de aquel líquido, para mi espanto era cierto, el agua estaba verde. Quise pensar que era la botella, teñida por el polvo y el sol, pero a media tarde mis tripas empezaron a enfurecerse.
El líquido verde había evolucionado en mi estómago hasta convertirse en una bacteria “descomponedora”. Empecé a encontrarme realmente mal, síntoma que nadie más parecía compartir. ¿Sería psicosomático? El hecho es que a mis delicadas tripas nunca les han gustado las cosas en mal estado, siempre se inquietan.
Supuse que se me pasaría en un rato, pero ya han pasado tres días y el proceso de infección sigue su curso, cada vez más cansada y deshidratada y no puedo evitar preguntarme… Si el agua era verde… ¿Me convertiré en un zombie? El hecho de que ninguno de mis compañeros de trabajo se haya infectado… ¿Querrá decir que ya son zombies, o humanoides en proceso de transformación?
Quizá sí, quizá la sustancia verde del agua fuera una especie de droga para mantenernos a todos trabajando sin movernos frente al ordenador. O quizá simplemente, el agua estuviera mala, yo me puse mala, y esto no sea más que una divagación producto de una locura transitoria.
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