lunes, 16 de julio de 2012

Rutina

Amarga vuelta a la vida real.

Trabajo atrasado, papeleos, llamadas, envíos, caos! Con lo feliz que estaba yo en Toledo...
Las vacaciones deberían ser eternas, que haga clic en me gusta el que esté de acuerdo. Pasas unos días relajado, sin preocupaciones, sin más quehaceres que disfrutar del paso del tiempo. Y de repente, se acabó, amaneces con el taladrante sonido del despertador, y las vacaciones parecen lejanas, un sueño. 

Parece que los relojes y el mismo tiempo se confabulan en tu contra para hacer que pase extremadamente lento en el trabajo y demasiado deprisa en el descanso. Así, sin previo aviso (o con un aviso muy vago) lo bueno se acaba. Pero, ey, todos sonrientes, que no pasa nada. Habrá más vacaciones, de momento, las últimas toca atesorarlas.

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero olvidarme, disfruté como una enana recorriendo sus parajes. Y en una ciudad de Castilla, que rima con ahora, y que no se ganó en una hora, pasan los minutos mientras trabajo, y no me inmuto!!

Porque las vacaciones, duren lo que duren, siempre son cortas: ¡exijo que se invente una máquina del tiempo ya! Que se pare el resto del mundo, que deje de girar, y así elegir un momento y disfrutar, disfrutar, disfrutar...

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