jueves, 26 de julio de 2012

El visitante nocturno

Me hallaba yo tumbada en la cama, luchando sin ropa contra el pegajoso calor de las noches de Julio en España, intentaba en vano encontrar una postura, un recoveco del colchón en el que hallar frescor.

De repente un terrible estruendo desgarró el cielo que se rompió en cientos de gotas de agua precipitándose contra el suelo. El viento comenzó a soplar refrescado por la lluvia y la tierra revivió oliendo a campo y a húmeda. 

Las puertas de mi balcón se abrieron de golpe, sobresaltándome, y aún con la persiana cerrada, él entró. Acarició todo mi cuerpo erizando mi piel y mi pelo, un aire frío y suave como una brisa marina, el mejor amante que podía desear esa cálida noche.

Me dejé llevar por las sensaciones y caí presa del sueño en brazos de Morfeo. La lluvia arreció fuera y las calles se llenaron del eco de los feroces truenos. No sé cuando ni cómo mi visita amainó y se marchó de mi cuarto. 

Por la mañana el agua también se había ido, no había ni rastro de nada, el cielo se había recompuesto y lucía preciosas nubecitas dispersas y blancas, sin embargo algo aún perdura en los rincones sombríos, su olor, su frescor... El regalo que mi visitante nocturno me dejó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario