Piensas que
no eres un romántico, que la vida te ha dado muchos palos y has aprendido a
sobrevivir siendo duro, dejando que la vida pase de largo mientras te empeñas
en ignorarla.
Y entonces
una mañana te despiertas y te das cuenta de lo mucho que extrañas su sonrisa,
su voz, su olor. Ese aroma de piel sudada y perfume que te embriaga cuando está
cerca, que permanece en su almohada aunque ya no esté en ella. Y te das cuenta
del engaño, descubres que es demasiado tarde para alejarte de un fuego que te
quema, pero no importa.
Podría ser
cualquiera, pero es esa persona, esa y no otra, la que te desvela, su mirada,
su inocencia, su personalidad, y te das cuenta de que no puedes vivir sin ella,
da igual cómo, da igual dónde, pero con ella.
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