Una chica sin nada especial salvo el color de sus ojos, esos ojos de color indefinido y cambiante que varían según la hora del día y de su humor. Nunca nadie, ni siquiera ella misma, se ha molestado en fijarse qué significa o por qué o cuando se produce el cambio de color, pero no la importa.
Sabe que cuando se despierta pensando en él, el color es más verde, más hermoso. No sabe por qué, ni tampoco si tendrá algo que ver, pero la gusta pensar que sí, la gusta pensar que refleja lo que siente en sus ojos.
La chica de los ojos cambiantes sueña con evadirse de la realidad, la gusta menos el mundo cuando él no está cerca, es más anodino, más mediocre, más gris y más aburrido.Quiere llegar a casa y encontrar entre sus brazos cobijo de la vorágine de la rutina.
Ella quiere que juntos puedan jugar al escondite con el tiempo, y quiere que sus ojos se pinten de colores para expresar sus sentimientos.
Pero la chica de los ojos cambiantes tiene miedo, miedo de que las ilusiones se las lleve el viento, miedo de despertar y ver sus ojos negros, miedo de que todo haya sido un sueño.
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