Nada
es nunca tan fácil como debería ser, o como desearíamos que fuera, como en una
película de serie B, cuando parece que el clímax va llegar al desenlace, se
produce un nuevo giro narrativo, una nueva vuelta de tuerca en la historia y la
trama se complica.
Si
fuera una película sería menos difícil y más entretenida, el problema viene
cuando se trata de tu propia vida, de las decisiones que harán que tu destino
sea de una manera o de otra diametralmente opuesta.
¿Qué
es lo correcto?
Es
una pregunta demasiado ambigua como para poder ser respondida a la ligera.
Habría que comenzar a responder preguntando ¿Lo correcto para quién? Lo que
está bien y es perfectamente válido para ti, puede ser un gran error para mí.
¿Qué
debería hacer?
Otra
de esas tediosas preguntas sin respuesta que te obligan a desarrollar ideas con
lógicas aplastantes, el problema en este caso es que cada motivo argumentado,
encuentra su contrapunto y la discusión se torna un laberinto de infinitos “y
si”.
En
esta encrucijada me encuentro en este momento, a un lado un futuro laboral, al
otro un mundo de conocimientos y un papel y en medio sólo yo, necesitando una decisión,
una solución al conflicto un “happy ending”.
Pero ¿Y si…?
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