"Ahora me toca a mí" - susurró él con una dulzura apasionada.
Sin apartarse de ella, sin siquiera salir de su turbado cuerpo, que aún se estremecía de placer bajo el peso de su ser, comenzó a acelerar la cadencia de sus rítmicos movimientos, y ella ruborizada por el éxtasis que acababa de experimentar se aferraba con fuerza al cuerpo desnudo de su hombre.
Con cada acometida él se aproximaba más y más al orgásmico desenlace arrastrando con él a su amante, quien involuntariamente hincaba uñas y dientes en la carne de aquel que la hacía enloquecer en su romántico y frenético encuentro.
Por fin él llegó al clímax y una cascada blanca y brillante emanó de su sexo rociando el cuerpo de la mujer que le tenía por el hombre de sus sueños.
"¿Te gustó?" - preguntó ella tímidamente
Él la miró y la dedicó una dulce sonrisa, sin mediar palabra acercó a la mujer contra su cuerpo, la besó con ternura y la abrazó con fuerza mientras ella se acurrucaba en su pecho.
Pasaron largo rato tendidos sobre el lecho, sin mediar palabra, atesorando momentos, hasta que ella habló de nuevo.
"¿Y ahora, a quién le toca?"
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